
En todo el mundo ya se han fabricado más de nueve mil millones de toneladas de plástico desde su invención accidental en 1835. Sin embargo, solo se ha reciclado el 9%; el resto sigue en uso, se ha incinerado, se ha enterrado… o se ha abandonado en la naturaleza. Además, Europa prevé poner fin al vertido de plásticos en 2025.
Entonces, en este contexto, ¿cómo afrontar el doble reto de aumentar las cantidades de plástico reciclado y encontrar nuevas alternativas?
El reciclaje del plástico: balance a día de hoy
El reciclaje es la operación que consiste en someter un producto a un tratamiento para permitir su reutilización. Más concretamente en el caso del plástico, los residuos se clasifican y se trituran en escamas de distintos colores, que después se transforman en granza antes de enviarse a plantas de reciclaje para tener una nueva vida.
Según las cifras de 2018 publicadas por Citeo, el nuevo ecoorganismo surgido en 2017 de la fusión entre Eco-Emballages y Ecofolio, solo el 26,5% de los plásticos se recicla en Francia. No obstante, con la generalización de las instrucciones de separación ampliadas a todos los materiales plásticos en 2022, esta cifra debería aumentar considerablemente, máxime cuando el objetivo francés es valorizar el 100% de los plásticos en 2025.
Para alcanzar este ambicioso objetivo, también habrá que mejorar la recogida y, por tanto, la separación, así como los procesos de reciclaje. El ecodiseño de los materiales debería, además, contribuir a optimizar este último punto. Por último, las alternativas desarrolladas en este artículo cobrarán toda su dimensión en este marco.
La valorización energética de los materiales plásticos
En primer lugar entre estas alternativas figura la valorización energética. ¿En qué consiste exactamente? Se trata de un tipo de incineración que permite generar calor y/o electricidad, reduciendo así el impacto ambiental de la eliminación de residuos.
Según PlasticsEurope, la asociación profesional europea que representa a los productores de materiales plásticos, valorizar energéticamente la parte de los plásticos no reciclables o no reutilizables podría permitir la producción de 300 TWh (teravatios hora) de electricidad adicionales respecto a los modos de producción clásicos, lo que equivale aproximadamente a 300 centrales de carbón o a 70 millones de barriles de petróleo crudo.
La reutilización de objetos de plástico al final de su vida útil
Alternativa más virtuosa que el reciclaje o la incineración, incluso con recuperación de energía, la reutilización de objetos de plástico está en auge en Alemania, que ha implantado un sistema de depósito para las botellas, con una tasa de reutilización cercana al 100%. Sin embargo, en otros países, el camino por recorrer para igualar este resultado sigue siendo largo. En particular en Francia, el proyecto de ley sobre economía circular preveía un sistema de depósito para las botellas de plástico con vistas al reciclaje, frente a un depósito con vistas a la reutilización como en Alemania. Sin embargo, el Senado rechazó este punto. Hay que decir que había numerosos argumentos en contra, en particular el hecho de que habría favorecido la puesta en el mercado de botellas de plástico de un solo uso, lo cual no es deseable en el contexto ambiental actual.
El plástico divide a los actores
Pero, aunque las alternativas presentadas se perfilan como soluciones de futuro, el uso del plástico plantea interrogantes y los distintos actores no se ponen de acuerdo. En efecto, sustituir el plástico en los envases, por ejemplo, sería aún más perjudicial para el medio ambiente en términos de emisiones de dióxido de carbono: otros materiales serían más pesados y, por tanto, aumentarían el consumo de los vehículos durante el transporte. En definitiva, aunque no todos estos plásticos de envase sean reciclables, si al final de su vida útil se utilizan para producir energía, su ciclo de vida sigue siendo más favorable que el de muchos otros materiales.
En cuanto a los plásticos de origen biológico, aunque a veces se presentan como el mejor compromiso, deben hacer frente a numerosos inconvenientes, lo que los hace marginales en su capacidad para sustituir a los plásticos convencionales. Por ejemplo, su reciclabilidad es discutible y su origen vegetal crea una distorsión en la demanda de tierras agrícolas, frente a las necesidades siempre crecientes de la población en alimentos.
En conclusión, parece por tanto que los plásticos procedentes de la industria petroquímica aún tienen un buen futuro por delante. No obstante, su uso debe ser racional, su reciclaje optimizado y las alternativas desarrolladas.
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