Los envases permiten, entre otras cosas, proteger los productos que contienen. Al centrarnos específicamente en los alimentos y bebidas, pueden surgir dudas. ¿Cómo estar seguros de que el envase no se degradará al contacto con ellos? ¿No los contaminará el material? El Reglamento europeo n.º 1935/2004, de 27 de octubre de 2004, establece una serie de normas relativas a la aptitud de los materiales para entrar en contacto con productos alimenticios. Estas directivas siguen vigentes en 2020.

 

Principios generales de aptitud para el contacto alimentario

Estos requisitos se aplican a todos los materiales que componen, total o parcialmente, diversos objetos. Se centran en dos temas principales que engloban múltiples ejes de reflexión a tener en cuenta: garantizar la inocuidad de los materiales y respetar los límites de migración.

Materiales y objetos destinados al contacto alimentario

Los envases y embalajes, los recipientes y utensilios de cocina, las tetinas y los chupetes forman parte de los objetos regulados por la normativa. Además, también se ven afectados los materiales, máquinas y equipos utilizados en la producción, almacenamiento o transporte de alimentos y bebidas. Por último, cabe señalar que la normativa se aplica a todas las etapas de la vida de los productos, desde la producción hasta el consumo.

Principales riesgos identificados en el marco del contacto alimentario

Elipso, la asociación profesional que representa a los fabricantes de envases plásticos y flexibles en Francia, ha publicado una guía sobre materiales de envasado y artículos en contacto con alimentos, en el marco de las relaciones entre clientes y proveedores. Esta guía incluye un análisis de riesgos, los cuales se clasifican en tres familias:

  • riesgos físicos;
  • riesgos químicos;
  • riesgos biológicos.

En primer lugar, el principal riesgo físico es la presencia de cuerpos extraños en el envase. Estos pueden proceder del propio recipiente o de una pieza mecánica de la cadena de producción. Sus consecuencias para el consumidor pueden ser dramáticas: asfixia, oclusiones intestinales…

En cuanto a los riesgos químicos, cabe citar, por ejemplo: la migración de componentes de las tintas o de los envases y la contaminación por lubricantes de las máquinas. Los efectos de estas intrusiones químicas pueden ser intoxicaciones o enfermedades más graves a largo plazo.

Por último, en términos de riesgo biológico, el principal es la contaminación por microorganismos. Estos son responsables de enfermedades leves o más graves, dependiendo de las bacterias o virus implicados.

Medidas de prevención y controles para garantizar la aptitud para el contacto alimentario

Para evitar estos riesgos, se han publicado guías de buenas prácticas y normas que los industriales aplican en cada etapa del proceso, desde la fabricación hasta la venta. Además, se realizan numerosos controles, tanto por parte de los productores como de organismos externos. Entre estos se encuentran laboratorios de análisis independientes y la DGCCRF (Dirección General de Competencia, Consumo y Represión de Fraudes). Por último, en ocasiones se mencionan normas de almacenamiento en los envases, destinadas especialmente a los consumidores.

Controles de aptitud para el contacto alimentario

Antes de la comercialización, los productores deben realizar una declaración de conformidad con la normativa. Este documento exige, en particular, que se especifiquen los componentes de cada envase y los productos que contendrá.

Los laboratorios llevan a cabo numerosas investigaciones y análisis para verificar la inocuidad de cada material. Se prueban diversos parámetros: calentamiento, exposición a la luz, ataques ácidos debidos a ciertos alimentos… El objetivo es definir las mejores condiciones de almacenamiento y preparación de cada envase en función de los alimentos y bebidas que pueda contener.

Por último, la DGCCRF realiza controles a posteriori y aleatorios para verificar la conformidad de los envases. Un artículo informa sobre las conclusiones al respecto. Entre ellas, resulta que solo el 8% de los envases probados no cumple la normativa. Sin embargo, las muestras analizadas mostraron que los niveles de componentes nocivos en los alimentos son, en su mayoría, inferiores a los umbrales de riesgo para la salud humana.

Condiciones de almacenamiento de los productos alimenticios

En algunos casos, la inocuidad de un envase respecto a su contenido depende de las condiciones de almacenamiento al final de la cadena. Por tanto, los consumidores son partícipes de esta garantía. Para ello, los envases de productos alimenticios mencionan a veces indicaciones sobre las condiciones de almacenamiento. Así, algunos deben conservarse en un lugar fresco y seco. Otros deben almacenarse al abrigo de la luz. Por último, ciertos alimentos deben estar refrigerados permanentemente para cumplir con la obligación de respetar la cadena de frío.

Un distintivo visual para los envases aptos para el contacto alimentario

¿Cómo saber si el envase es apto para el contacto alimentario y cumple con los puntos vistos anteriormente? Es fácil: obligatoriamente debe llevar un distintivo visual. Este puede adoptar, a elegir, la forma de:

  • el pictograma que asocia un vaso y un tenedor;
  • la mención “para contacto alimentario”;
  • la mención “apto para alimentos”.

No obstante, esta obligación no se aplica a los objetos que, por su forma, están manifiestamente destinados al contacto con alimentos o bebidas. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, los vasos, los platos o los cubiertos. En los demás casos, si falta alguna de estas menciones, no se debe utilizar el envase para transportar o almacenar ningún producto alimenticio.

Para saber más sobre la política de gestión de residuos de Flexico, visite la página Flexico, un actor ecorresponsable.

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