Si el olor de un producto a veces puede proporcionar un placer sensorial (flores, perfumes, chocolate, etc.), por el contrario puede incomodar a algunas personas. En un armario o un frigorífico, la convivencia de los productos puede provocar una mezcla de olores, o incluso la contaminación de un alimento por el olor de otro. Por ello, la elección de un envase adecuado, con las propiedades barrera correctas, permitirá reservar su aroma al alimento en cuestión y evitar su propagación al ambiente o a los productos cercanos.

 

Elegir el material de envasado adecuado

¿Cómo protegerse del impacto olfativo de un alimento con olor intenso, como el queso, el pescado, la alimentación animal o las especias?

Entre las películas plásticas utilizadas para el envasado, existen múltiples variedades de materiales, utilizados en monocapa o en complejos coextruidos o laminados. Cada material aporta sus propiedades de resistencia mecánica, estanqueidad a los gases o al vapor de agua, soldabilidad o resistencia a la temperatura y al frío.

En el caso de los productos con olor, la propiedad que se buscará es la barrera a los gases, que transportan los compuestos volátiles responsables de la propagación de los olores.

¿Qué películas para qué propiedades barrera?

La barrera más eficaz la proporciona una lámina de aluminio. Las películas complejas del tipo PET/Alu/PE o Papel/Alu/PE son ejemplos habituales. Permiten conservar los aromas y garantizar una excelente barrera al oxígeno, a la humedad y a los rayos UV.

A continuación, están las películas metalizadas (PET metalizado/PE…) y las películas PE/EVOH/PE, que poseen buenas propiedades barrera a los gases y permiten también el envasado al vacío.

Una película plástica de PET/PE es menos eficaz, pero aun así presentará una barrera significativa al oxígeno y a la humedad para aplicaciones menos exigentes.

Por último, las películas monomaterial de PE o PP disponen de una barrera al vapor de agua satisfactoria, pero de una mala barrera al oxígeno.

Por desgracia, las bolsas fabricadas a partir de películas complejas son difíciles de reciclar con el estado actual de la tecnología. Las investigaciones en curso son prometedoras, con procesos químicos que consisten en disolver el material, pero estas técnicas aún no están en fase industrial.

Se optará preferentemente por películas fabricadas a partir de un solo material, o por películas complejas realizadas mediante el ensamblaje de varias capas de un mismo material base, por lo general polietileno, pero con propiedades diferentes (densidad, temperatura de fusión, rigidez, etc.).

Un sistema de cierre óptimo

Una vez que el producto está envasado en un envase con propiedades barrera suficientemente eficaces, se plantea la cuestión de la elección del cierre. Gracias a su hermeticidad, la bolsa y su cierre deben garantizar una protección perfecta del alimento y una barrera óptima frente a los olores.

Para envasar un alimento con olor, existen diferentes sistemas de cierre: soldadura, plegado con ayuda de una pegatina, zip simple o multipista con o sin cursor, adhesivo reposicionable, tapón, etc. Cada uno presenta un nivel de eficacia diferente frente a los olores.

Las condiciones de consumo del producto serán determinantes para la elección del cierre. Si el alimento se consume por completo al abrirlo, una simple soldadura será suficiente. En el caso de un alimento con poco olor que se consumirá en varias veces —por ejemplo, un paquete de arroz—, se podrá optar por un cierre mediante plegado con ayuda de una pegatina. Si el alimento es especialmente oloroso, entonces es esencial prever un cierre adecuado: tapón o zip. 100% hermético, el tapón se utilizará para productos líquidos o pastosos y para ciertos polvos. Los cierres zip simples o multipista, con o sin cursor, se recomiendan para alimentos que se pueden porcionar, como el queso rallado, el café o las especias.

La calidad del envase y su hermeticidad también contribuyen a reducir el desperdicio alimentario. Un producto se tirará más fácilmente a la basura si perfuma el armario o el frigorífico cuando todavía es consumible, siendo su único defecto difundir sus aromas en un momento en el que no se buscan.

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